Cada uno de nosotros somos únicos, a pesar de partir de la misma base. Todos tenemos el mismo potencial al arrancar, pero no todos lo desarrollan al máximo.
Lo mismo pasa con las palomitas de maiz. Todas entran a la máquina palomera como semillas, pero algunas si ‘revientan’, otras no tanto y algunas salen igual que cómo entraron.